Bajar la persiana supone romper un ciclo de relación entre proveedores, clientes y demás personas, lo que repercutirá de forma negativa para el empresario. Muchas veces se abre un establecimiento aun sabiendo que se va a perder dinero. Si tienes unos clientes fijos y dejas de prestarles el servicio, sabes que van a irse a otro lugar, el público de un negocio es su baza más valiosa, por lo que el autónomo, debe aguantar todo lo que pueda al frente de su establecimiento. Aunque esta situación es extremadamente delicada, siempre es mejor abrir a pesar de hacerlo a medio gas. Los clientes tienen memoria y sabrán agradecer al autónomo el gran esfuerzo de abrir su negocio a pérdidas. La hostelería es, sin duda, uno de los sectores más castigados por las consecuencias económicas del Covid-19, se trata del blanco de todas las restricciones. Las limitaciones de aforo en el interior y el exterior del establecimiento, unido al control horario que la sanidad ha impuesto en muchos territorios están hundiendo la economía de los miles de autónomos dedicados a la hostelería.
Aquel que pueda mantenerse abierto bien sea afectando a sus empleados al ERTE o impulsando el canal online como canal principal de ventas, debe hacerlo. Es imprescindible que estos profesionales permanezcan abiertos todo lo que puedan o les dejen. Si los negocios cierran pierden clientes, y ese es el primer paso para el cierre total. Muchos comerciantes han adaptado sus negocios a nuevos horarios para favorecer las ventas. Están reinventándose constantemente para permanecer abiertos.